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El mundo de las Tierras Quebradas

El mundo de las Tierras Quebradas
El universo no es uno, sino muchos, y hasta un millón de realidades giran, se retuercen y se solapan en un maremágnum de posibilidades y existencias. Y en uno de esos mundos está la Tierra, o al menos una de sus muchas versiones o ciclos vitales. Y en esta Tierra en concreto, este planeta tan parecido al nuestro, hay una región que sus habitantes llaman las Tierras Quebradas, una parte del mundo con un grado de desarrollo similar a nuestra baja edad media, donde la brujería y los seres sobrenaturales acechan a los hombres desde las sombras.

Es una región sobre la que se cierne la guerra. Dos panteones de deidades pugnan por apoderarse de ella, continuando así un conflicto mucho mayor, de proporciones cósmicas, que se extiende por todo el Multiverso. Por un lado, los señores de la Ley, que patrocinan la civilización, el progreso y la razón, pero que al mismo tiempo coartan la libertad y la creatividad. Por el otro, los dioses del Caos, que ofrecen al hombre todo un caleidoscopio de posibilidades, acompañando sin embargo sus maravillas con el terror y la locura. El alimento de ambos es la adoración y las almas de los seres humanos.

Los dioses ven limitada su interacción con la Tierra, y se ven así forzados a intervenir a través de sus peones humanos: a veces individuos inconscientes de su verdadero papel, atrapados en conspiraciones que no comprenden, otros, fieles vasallos que han sellado con ellos un pacto de servidumbre a cambio de poder. En su baraja de cartas sus bazas son cultos, iglesias y naciones enteras.

UN TRIÁNGULO DE ENEMIGOS

Tres estados se alzan como grandes potencias en las Tierras Quebradas, formando un tenso equilibrio que ha durado ya casi doscientos años, desde que diera fin la Gran Guerra. El más poderoso de ellos, por población y territorio, es el Patriarcado. Se trata de una teocracia encomendada a los dioses del Orden, construida a partir de los restos del antiguo Imperio Central y gobernada de forma totalitaria por el patriarca Benedito el Ciego. El poder reside en los diez cultos de la Ley, que imponen a la población un modo de vida estricto y austero. En el Patriarcado reina el hambre, la enfermedad y las desigualdades sociales, y la clase sacerdotal se solapa con las casas mercaderes. La nobleza, desposeída de sus tierras y rentas, se ha reducido a un cuerpo de oficiales de élite al servicio de la Iglesia. El descontento de unos y otros aviva la proliferación de todo tipo de cultos secretos y organizaciones conspiratorias, y muchos opinan que el país es una bomba a punto de explotar.

Al otro lado del Océano de la Cólera, el selvático reino de los Merendrak medra en poder y territorio, extendiéndose por el continente e intermediando a la fuerza entre el este y el oeste del mundo. El país se encuentra gobernado por una casta nacida de la unión de dos antiguas razas: los merení y los fornk, el pueblo de los dragones. Estos imbatibles reptiles alados duermen en los subterráneos de la Ciudadela, y constituyen un arma formidable, base de la riqueza y poder del reino. Los llamados merendrak rigen sobre sus súbditos humanos siguiendo su propia versión de los principios del Caos, y dando forma a una sociedad liberal y mística, donde no hay una iglesia organizada y los funcionarios reales no son si no los mestizos estériles de los merendrak y sus concubinas.

En el oeste, donde termina el mundo, una isla fría, volcánica y constantemente azotada por la lluvia es el último reducto del Imperio Escarlata. Hace dos siglos, durante la Gran Guerra, una hechicera merení hizo un pacto con el Caos para salvar a su pueblo y vengar a su amado, desatando el infierno sobre la Tierra. La llamada Dama Escarlata y sus seguidores humanos y mereníes acabaron retirándose, pero nunca dejaron de aspirar a concluir algún día su labor destructora. Su sociedad es cruel, perversa y retorcida, y se sustenta en el trabajo de una enorme masa de esclavos, constantemente renovada gracias al saqueo y la piratería. Rodeada de sus ocho hijos inmortales, concebidos por los mismos dioses de la Entropía, y al frente de todo tipo de brujos y demonios, el ser que otrora fuera la Dama espera el momento de ofrecer el mundo como sacrificio a sus dioses patrones.

LAS POTENCIAS MENORES

Varios países de tamaño medio adoptan un papel neutral o ambiguo en la guerra fría que atenaza las Tierras Quebradas. Uno de ellos es la isla de Templanza, habitada por un pueblo que adora al mismo tiempo al Caos y a la Ley, aunque algunos inciden en que sus verdaderos dioses son el oro y la plata. Los templacienses aprovechan su posición geográfica y religiosa para comerciar pragmáticamente con unos y con otros. Rivalizando con ellos en riqueza, la próspera República de Tres Valles, situada más al sur, se debe a los principios de la Ley de forma liberal, y tolera incluso los pequeños cultos a los dioses de los elementos. Sus habitantes, glotones, alegres y civilizados, se benefician del comercio entre el este y el oeste, haciendo de puerta de entrada al Patriarcado de las mercancías de Oriente, que llegan en caravana a través del Gran Desierto.

En el Continente Central, el belicoso reino de Leonis se halla de momento indeciso entre aliarse con la Dama, con quien comparte su fidelidad al Caos, o conservar su independencia y defender en solitario su frontera con el Patriarcado. Más al norte, el reino de Frondas, cubierto de oscuros bosques, constituye toda una paradoja, pues su capital, Excelsa, es una urbe hermosa y sofisticada, mientras que el resto del país se ha convertido en un lugar bárbaro y violento, parasitado sin piedad por su única ciudad.

En el gélido continente norte, la avanzada república de Merenomin se rige por los principios del Equilibrio Cósmico, anteponiendo la ética humana a los dictados de los dioses. Tierra adentro, protegidos por sus montañas y nieves perpetuas, sus antiguos mentores, los merení, siguen habitando su plácido y bello reino, gobernándose por unos principios que al mismo tiempo los elevan y paralizan, impidiéndoles intervenir en el mundo.

LOS PECES PEQUEÑOS

Otras muchas naciones completan la fragmentación de las Tierras Quebradas, como los nasher, que en su ciudad-estado cultivan el arte con devoción religiosa, los austeros, que rechazan la propiedad privada, la familia y las jerarquías, o la llamada nación pirata, una sociedad de forajidos, paradójicamente crecida bajo la protección del Patriarcado. En las junglas del sur moran los bosquimanos, que veneran y protegen las ruinas de los Caídos, la extinta civilización que, cuentan, abrió las puertas del mundo a los dioses, para su propia desgracia, y en el mismo corazón del Patriarcado resisten los ocrenses, la última sociedad matriarcal del mundo. Gitanos, nómadas del desierto y de las estepas, la demócratica ciudad-estado de Puerto Libre y los bárbaros imanguk se añaden a un auténtico mosaico de pueblos, tan rico y variado como irreconciliable.

Tales son las grietas y surcos de las Tierras Quebradas. Dicen que lo que se resquebraja no tarda en romperse.

Mapa de las Tierras Quebradas